Por Santiago Cárdenas M. Santiago Cárdenas M.

Matus: Intronauta

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De Matus (ex Don Juan Matus) ya habíamos hablado antes en este blog, con una reseña a su último larga duración, “Claroscuro” (lanzado en 2015), hace ya, y casi exactamente, un año.

Esta vez nos presentan el EP “Intronauta” (publicado hace unos días atrás), cuyo nombre inmediatamente me invitó a dar escucha, y que ha precedido este “hiato indefinido” -como indican desde la banda- que se está tomando Matus.

Tanto la portada del EP como el nombre del mismo (como ya evidencié) me han encantado, creo que se plasman el uno al otro, y a la vez, escenifican este “no es más que un hasta luego” del grupo.

Matus, debo decirlo, es una de esas pocas bandas nacionales que han pisado fuerte dentro y fuera del país, y que ya poseen ese estatus de culto que pocos tienen en estos tiempos de aflicción en el mundillo del rock peruano.

Pero, y como mula que vuelve al trigo, en lo personal repetiré mi ya conocido discurso, plasmado con anterioridad en la reseña anterior a la banda. Y me cito a mí mismo -carajo, qué triste y vago soy a veces: la voz de Alex Rojas no está mal, es normal, se siente educada, pero suena completamente impostada, exagerada (intentando ser rocker) y para nada acoplada al rock que propone Matus, que es una exploración de lo psicodélico, stoner y heavy. No es una voz que transmita rocanrrol, no tiene ese algo especial que diferencia a las voces comunes de aquellas que marcan la historia de la música; Dio, Halford, Gilmour, Mercury, King Diamond, García, Plant, … y un larguísimo etcétera. Y no me vengan con cosas como “¡cómo vas a compararlo con esos artistas!”, porque en el Perú también existen voces únicas y reconocibles al instante, desde Gianmarco (no soy muy fan de su música), Pedro Suárez-Vértiz,  Saúl Cornejo, Nico Saba, Manuel Sanguineti, hasta Christian Meier joder!. Que tu banda sea peruana no quiere decir que sea mala, o que no se pueda comparar con los grandes expositores del género al que pertenezcas. La valla es alta, hay que igualarla o superarla.

Y esto que digo con respecto a Matus lo suelo repetir también con respecto a otras bandas. Lo vuelvo a dejar en claro, para que no regrese la cierta moda de algunos músicos de querer prenderme fuego por los comentarios que vierto y que se toman muy a título personal.

Dividido en cuatro tracks, “Intronauta”, en lo que respecta a la instrumentación, me atrapó.

“Claroscuro”, su primer tema, me recuerda ligeramente a ese rock latino que hizo tan popular a Santana durante el cierre de la década de los ’60 e inicios de 1970. Acompañado de una percusión y un bajo ¿sensuales?, la melodía es hipnótica, psicodélica… bien trippy. Hasta que empiezan a hablar -sí, no cantan, hablan- y para mí… hasta ahí nomás. Si el tema fuese meramente instrumental, de mi parte hubiesen sido 10 puntos.

El segundo tema, homónimo, para mí queda ahí. Parece un ensayo de hard rock/blues. Y claro, con la voz nuevamente que le quita toda gracia a lo que instrumentalmente podría haber sido el tema, que tiene su momento interesante. Lo siento más bien como relleno que como algo realmente bien trabajado para ser parte del EP. Aunque el final del tema, debo admitirlo, me encanta.

“Catalina” es el penúltimo tema de este disco. Instrumentalmente es, para mí, perfecto. Tiene mucho del sabor del rock peruano durante los 80’s. Acá volveré a hacer mención aparte sobre la voz, que vuelve a arruinarme la fiesta.

“Arboleda Bohemia I. La Ciénaga II. Aura Tornasol” es, sin dudas, un homenaje al “Dark Side of the Moon”. Tiene ese gustito a temas como “The Great Gig in the Sky” y “Brain Damage”. Un instrumental de lo más genial. Soft rock con ese toque de blues en el soleo de la guitarra y una atmósfera de rock espacial. La repú, este tema es para un amante del rock como una montaña de cocaína para un cocainómano: invaluable (aunque probablemente Vaticano podría tasarlo).

Debo, fuera de la instrumentación en general, aplaudir dos cosas: la presencia del theremín, muy bien colocado y magistralmente ejecutado, y el trabajo en la producción del EP, se nota una excelente obra por el lado de la ingeniería de sonido, además de en la mezcla y masterización. Y claro, hay que resaltar que esto último vino de la mano de MCA Studios, de nada más y nada menos que de los hermanos Cornejo… ajá, sí, los ex Laghonia y WAT, a quienes tuvimos el honor de conocer y entrevistar personalmente allá por 2015.

Evidentemente, lo aquí vertido no es más que mi opinión personal. No espero que las bandas hagan lo que yo diga o piense, pero si deciden tomar en cuenta lo que escribo o digo, genial. Para eso estamos aquellos que, al no poder tener una banda, escribimos críticas.

Publicación: 4 de Marzo de 2017
Grabación: –
Estudios: Félix Varvarande’s Studio, MCA Studios, Eco Estudios
Miembros: Veronik, Manuel Garfias, Richard Nossar, Alex Rojas, Walo Andreo Carrillo
Discográfica: –
Productor(es): Richard Nossar
Cover: Pablo Goto

Santiago Cárdenas M.

Editor y creador de Pentagramario. Melómano por convicción. Amante del sci-fi y el prog. Miembro de The Temple of Hiram. Ex estudiante de redacción. Autodidacta, aprendí lo que sé de tres maneras: leyendo, leyendo y leyendo.

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