Por Santiago Cárdenas M. Santiago Cárdenas M.

Culto al Qondor: Templos

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“El día en que Pink Floyd se excedió en ácidos”, así intento sintetizar a Culto al Qondor, banda nacional formada hace buen tiempo atrás (2003) y que, 14 años después, “debuta” (luego de desactivarse en 2005) con su álbum “Templos” -grabado en vivo en el “templo” underground de Lima, el Hensley de Monterrico-, un tributo al jamming más pysch y trippero que pueda existir.

Formada por Chino Burga (conocido sobre todo por ser fundador de La Ira de Dios), Dolmo (?) y Aldo Castillejos (integrantes de Serpentina Satélite), Culto al Qondor nos somete a la densidad cósmica del rock espacial, a través de los cuatro temas que conforman “Templos”.

Este disco castiga a aquellos que no sean adeptos al género o no estén en el “modo adecuado” para la escucha de la música que carga. Melódicamente es ligero, pero en realidad transmite pesadez, dado que aprovecha bien los espacios del bajo y la batería, instrumentos a los que la guitarra y los loops acompañan con una lisérgica repetitividad. Y es que sí, este álbum es repetitivo, y necesitas ser muy comprensivo con esta clase de música o estar lo suficientemente “elevado” (humeado) como para poder disfrutarlo realmente. Y no, no marco esto como algo “malo”, más bien me deja clara las pocas pretensiones que se echa la banda para más bien, anclarse a lo que es su esencia originaria: el jamming.

El space rock es lo bastante permisivo como para permitir dirigirlo en distintas direcciones. “Templos” explora de manera amplia la inmersión del space en géneros tan afines como el ambient/drone, a través de los cuales conecta con esa rama germana llamada kraut-rock, lo que hace más interesante y llamativa a esta nueva adición a las referencias del underground peruano.

Los cuatro temas que componen este álbum son complementarios entre sí. “Martillo”, que apertura el disco, nos machaca el cerebro sin remordimiento. Aplica a la cierta repetitividad drone para luego sellar un cierre que se pasea dentro de los dominios del stoner rock. Por su parte, “Amanecer en Tres Cruces” empieza con un riff de guitarra que recuerda al clásico intro de “Another Brick in the Wall” de los Floyd, desde el cual se sumerge a lo que bien podríamos llamar drone rock, que, a la vez, continúa con la línea espacial dejada por su predecesor. Los guiños siguen, y esta vez en “Antiguos Dioses sobre Chilca”, donde ahora la guitarra nos trae remembranzas -en la introducción- al “Holiday in Cambodia” de los Dead Kennedys, para luego introducirnos en el space rock más punk que he escuchado en mi vida. El disco cierra con el tema homónimo que retoma lo dejado por “Martillo”; esa fascinación por quebrar cerebros. Una introducción drone que nos devuelve a los pasillos de tortura instaurados por la batería, una exaltación del ser primigenio y tribal, donde la luz de la luna y las arenas del desierto son el ingrediente primordial para este ritual de rock.

Para cerrar esta breve reseña, debo decir que quedé gratamente fascinado por la portada del álbum, un arte magnífico, oscuro y cósmico, que me encantaría ver en la tapa de un vinilo.

“Templos” de Culto al Qondor, trabajo altamente recomendado.


Publicación: Diciembre, 2017
Grabación: Café Bar Hensley
Estudios: Man in the box Records Studios
Miembros: Dolmo, Aldo Castillejos, Chino Burga
Discográfica: –
Productor(es): Joel Alvarez, Chino Burga
Cover: Julian Ciceri
Ediciones: digital (por el momento)

Santiago Cárdenas M.

Editor y creador de Pentagramario. Melómano por convicción. Amante del sci-fi y el prog. Miembro de The Temple of Hiram. Ex estudiante de redacción. Autodidacta, aprendí lo que sé de tres maneras: leyendo, leyendo y leyendo.

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