Por Santiago Cárdenas M. Santiago Cárdenas M.

Tribu: Círculo

. Destacado, Experimental, Reseñas, Rock.

Pese a que este blog -últimamente- anda con cierto abandono -al igual que la Agenda Nacional-, cuando me llega material interesante, hago el esfuerzo de darle un espacio en mi copada agenda -Dios bendiga a los recién nacidos, los trabajos que no paran y los carros que no dejan de malograrse-.

Hace unos días, una semana quizá, llegó a mí “Círculo”, el primer larga duración -posee ocho temas- del dúo nacional Tribu, formado por Yazmín Cuadros (ex Pastizal, solista bajo el nombre de Diáfana Bermellón) y Richard Nossar (ex Espirales, (Don Juan) Matus, Aura Tornasol, Quemos, entre otras). Un disco que, tras una buena escucha, me dejo la sensación de eclecticidad que me suelen dar los discos de bandas “tradicionales” de krautrock (llámense Can, Amon Düül, Popol Vuh o Tangerine Dream -hasta cierto punto). En mis múltiples viajes en carretera por la amazonía peruana, aproveché para escuchar el disco varias veces en el carro, mientras iba de un lado a otro. Tras varias horas, la principal idea que se me quedó en la cabeza, es que “Círculo” me hacía sentir como si estuviese escuchando la banda sonora de alguna película o documental de Werner Herzog. No sé si -al igual que a Aguirre- el calor y el verde de la selva me indujeron a pensar locuras, pero es ese pensamiento el que me ha marcado la pauta para este humilde escrito.

Pero es que, cada vez que escucho “Círculo”, tengo la certeza -a nivel musical- de estar escuchando algo de Popol Vuh, reconocidos amigotes del buen Werner (musicalizaron varias de sus obras, valga mencionarlo). Lo que me deja claro la variedad melódica presentada por Tribu en este trabajo. Nada se repite, trabaja el rock y la música world de una manera poco vista en nuestro país, sobre todo en los ambientes undergrund.

La utilización de sintetizadores, teclados, instrumentos tradicionales de rock e instrumentos exóticos, llevan a “Círculo” un nivel más allá. Lo vuelven especial. Los arreglos colocados en el momento preciso, el limpio trabajo de mezcla y producción -que le dan un cósmico sonido acústico y de en vivo– y la voz de Yazmín que, pese a yo tenerle algunos reparos -para variar-, le dan un alto plus a la propuesta de psych/prog rock experimental de Nossar. No es únicamente un álbum más de música fusión, es un trabajo de exploración melódica que, además de -evidentemente- tomar tiempo, muestra experiencia.

Antes de diseccionar “Círculo” tema por tema, debo anotar y dejar por sentado los dos problemas -más o menos- que le encuentro:

  1. La voz de Yazmín: Richard Nossar estará aburrido ya de leer -si llega a leer esta disertación mía- que cada vez que escribo sobre alguno de los proyectos en los que está involucrado, tengo alguna pega con respecto a la voz de su vocalista. Esta vez no es diferente, y tengo que decir que tengo claro el hecho de que debió trabajarse más la voz, a nivel de involucrarse más adecuadamente con las melodías (y no, no usen el argumento de la atonalidad, que para eso también se requiere trabajar las posiciones de cada instrumento dentro de la complejidad de la melodía -voz incluida, of course).
  2. La batería: pese a que no corrompe la melodía de ninguna canción, es evidente -y no lo ocultan tampoco- que fue añadida en varios temas en post producción, y pese a que eso no es malo, siento que a veces parece como si fuese la batería que viene como fondo opcional en los teclados eléctricos -tun tun pá (bis@∞)-. Me hubiese encantado un poco más de vida para este instrumento.

Jack el Destripador: Vayamos por partes.

“El Camino de las Luciérnagas” apertura “Círculo” a ritmo de vientos y percusión. Aparecen posteriormente el bajo -muy melódico- y la voz. La letra, como en todo lo largo del disco, apela a la poesía orgánica y cósmica –Pachamama beyond the stars-, volviéndose muy asertiva con la música presentada. Acompaña posteriormente el órgano, clásico de rock progresivo setentero (ELP), creando una atmósfera melancólica bastante imponente.

“Llegando al Sol” aparece enérgica. Si bien la batería me da la sensación descrita algunos párrafos previos, el tema en conjunto me encanta. La voz se acopla de mejor manera en este tema, y no me genera sensaciones de disconformidad. El bajo y la guitarra se lucen, a ritmo de rock más clásico. El solo -pese a corto- me parece sencillo pero espectacular.

El tercero en aparecer es “Oiré”, la balada -si podemos llamarlo así- del disco. Un tema corto, de pop rock abarrocado, que ayuda a bajar un poco la fumada precedente, previo a lo que vendrá después.

A la mitad del disco aparece la pièce de résistance, el tema por el que me habría puesto de pie si no hubiese estado manejando la primera vez que lo escuché. “After Dark”, cuyo nombre debió estar en español, como el resto de canciones del disco -¡por favor!-, me pateó directo en la cara y me hizo alucinar profundamente respecto a su creación, mientras que movía las caderas por su pegadizo ritmo. Imaginaba que, este tema, podría fácilmente haber salido de la mente de un absolutamente quemado Edgar Froese -que en paz descanse-, acompañado de unos voladísimos Kerry Minnear, Damo Suzuki -y cía- y Jim Lang. Así de espectacular. Una mezcla entre lo espacial digital de Tangerine Dream, los teclados de Gentle Giant en “Nothing at All”, el ritmo bailable de Can en su “Ege Bamyasi” y el saxo jazz de Jim Lang es su espectacular soundtrack para la afamada serie animada “Hey Arnold!”. Así de tremendo y brutal me ha resultado “After Dark” al oído. Es el tema que más he escuchado y repetido sin parar de “Círculo”.

“Todos los Jaguares (Canto para Yana)” se sale del espectro kraut/rock y se adentra dentro de la experimentalidad sonora de la música de mundo. Inicia cual -a mi parecer- banda sonora de Ennio Morricone para “x” película de Eastwood sobre el viejo oeste, para luego adentrarse en la primitiva densidad de la música aborigen africano/americana, a ritmo de percusión y viento. Es el tema donde la voz de Yazmín Cuadros me cuadra al cien por ciento. Al cierre -y en algunos otros momentos-, explora tonalidades sonoras muy cercanas al dark ambient de Lustmord en “Babel”, de su disco “The Word as Power” (digo, pienso y me expreso yo…).

“Viento”, sexto tema del álbum, nos acerca a un prog rock más bien suave. La voz se pierde -en un buen sentido- a través de la melodía propuesta por los instrumentos tradicionales. El fondo, la textura, la pone el sintetizador. Es a su cierre, donde muestra toda su gloria, de la mano del órgano, que amasa nuestro cerebro mientras el tema se va despidiendo de nosotros.

La psicodelia progresiva es explorada de manera amplia en “Nube Roja”. Pero, primero, debo decir que es en este tema donde la voz no me gusta para nada, no sé si es cosa de apreciación personal, pero me deja la sensación de que le faltó energía y afinación, resta totalmente a un tema que pudo haber sido redondo. Y es que “Humo Rojo”, en términos melódicos, es prolija. Me remite al sonido de bandas como Eloy o Van der Graaf Generator, en su uso del órgano y el bajo, que cumplen más allá de su trabajo. El órgano realmente es un placer al oído, con esa melodía que viaja a su propio tiempo, sin desentonar con el resto de la construcción melódica.

“Dice Ser” cierra el círculo de “Círculo”. Apenas lo escuché, me hizo traer a la memoria un tema de antaño que hacía mucho tiempo -años, quizá- no escuchaba: “Last Song”, la última canción del también álbum de ocho temas de Traffic Sound “Virgin”. Un tema cortito, menos de dos minutos, con un fondo de sonido de olas y una guitarra acústica sencilla, que dan compañía a la mejor performance vocal de Yazmín. Dulce y melancólica, “Dice Ser” da por finalizado un disco que me ha sentado de lo más bien. Una adición fresca y diferente a nuestro día a día como oyentes de música diversa.

No daré por finalizado este texto, sin antes haber mencionado mi agrado frente al trabajo de la producción. Debo resaltar sobre todo el tema de la mezcla, que quedó espectacular. Felicito a Camilo Uriarte -a quien no conozco personalmente pero de quien tengo excelentes referencias- por el trabajo hecho en “Círculo”. Todo lo relacionado a la grabación, pistas adicionales, mezcla y masterización, está de diez puntos, nada que reprochar.

También cabe resaltar la portada, trabajo de la misma Yazmín Cuadros, que me parece de lo más acertada para el título del álbum y el concepto que subyace tras el nombre de la banda.

Finalizo contento esta reseña, el álbum me sobrepasó mis expectativas. Altamente recomendado.

Publicación: 26 de Setiembre de 2018
Grabación: Eco Estudio
Estudios: Dragonverde Producciones
Miembros: Richard Nossar, Yazmín Cuadros
Discográfica: Catrina Records, Luna Pagana Records
Productor(es): Tribu, Osmar Cubillas, Félix Varvarande, Camilo Uriarte, Edward Plenge
Cover: Yazmín Cuadros
Ediciones: digital, vinilo

Santiago Cárdenas M.

Editor y creador de Pentagramario. Melómano por convicción. Amante del sci-fi y el prog. Miembro de The Temple of Hiram. Ex estudiante de redacción. Autodidacta, aprendí lo que sé de tres maneras: leyendo, leyendo y leyendo. https://about.me/sjcm94

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